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Abrazar la unidad significa replantear la prosperidad y el desarrollo

—LUXEMBURGO, 30 de diciembre de 2016, (BWNS)—. La Fundación Unidad, una organización iniciada por un pequeño grupo de bahá’ís hace 25 años e inspirada en las enseñanzas de dicha religión, es una de las agencias que ayudan a organizaciones de desarrollo económico y social de todo el mundo a que accedan a una financiación básica. El desafío al que se enfrentan es cómo facilitar el flujo de fondos de una parte del mundo a otra mientras se preserva y fortalece la propiedad y la capacidad de una comunidad local para dirigir su propio camino de desarrollo.

Los proyectos bahá’ís para el desarrollo social y económico funcionan sobre el principio de que las poblaciones deben ser protagonistas de su propio progreso material, espiritual e intelectual, no solo receptores o simples participantes. La mayoría de estas iniciativas se sustentan con recursos de las comunidades locales que las llevan a cabo. Algunos esfuerzos continúan creciendo en escala y complejidad y en última instancia requieren recursos financieros procedentes de fuera de la comunidad para permitirles extender prácticas de eficacia probada y tener un impacto aún mayor.

Las agencias inspiradas en las enseñanzas bahá’ís, como la Fundación Unidad, han estado aprendiendo a recaudar recursos financieros para apoyar iniciativas de desarrollo que han alcanzado cierto nivel de crecimiento y complejidad. En estos casos, las instituciones bahá’ís que han estado haciendo seguimiento a estas organizaciones establecen un contacto cercano con la Fundación.

Estos proyectos se dividen principalmente en dos categorías: los que proporcionan educación infantil mediante el establecimiento de escuelas primarias comunitarias y los que desarrollan las capacidades de los jóvenes en las zonas rurales para que se conviertan en promotores del bienestar de la comunidad.

«Guiados por nuestros principios, no iniciamos, ni llevamos a cabo ni gestionamos proyectos de desarrollo en otras partes del mundo —explicó Fernand Schaber, presidente de la Junta Directiva de la Fundación Unidad—. Nos vemos como socios iguales con aquellos proyectos que reciben fondos. Nuestro papel consiste en representar su visión a la comunidad de donantes en Luxemburgo».

«Tampoco elegimos los proyectos. Nos llegan recomendados a través de ciertas instituciones bahá’ís. Hemos aprendido que trabajar en el marco de este sistema nos ayuda a evitar los numerosos escollos que pueden surgir en las comunidades locales cuando los recursos financieros no se proporcionan a través de canales apropiados».

Un elemento central de la forma de entender el desarrollo que tiene la Fundación es su concepción de la prosperidad.

«Reconocemos la importancia de ser prósperos en medios materiales, infraestructuras y tecnología pero tiene la misma importancia, si no mayor, que las comunidades sean prósperas en unidad familiar y social, en armonía, en nobleza, en paz, en generosidad, en justicia y en igualdad entre hombres y mujeres, —explicó Ángela Roldán, miembro de la Junta Directiva—. La esperanza es que los niños en todas las sociedades crezcan con una mayor conciencia de que la acumulación de riqueza no solo debe beneficiarles a ellos mismos, sino ser una fuente de riqueza y felicidad de los demás».

«Desde esta perspectiva, entonces, no nos adherimos a la práctica de dividir el mundo en grupos de ‘desarrollados’ y ‘subdesarrollados’. Cada país en el mundo tiene un largo camino por recorrer para aprender a alcanzar la verdadera prosperidad. Lo que se requiere es un proceso global de aprendizaje en el que cada nación y pueblo, todos en pie de igualdad, pueda aportar su parte de conocimientos y ser visto como protagonista a lo largo de su propio camino de desarrollo. Y este es el principio que tratamos de reflejar en nuestras relaciones con nuestros colaboradores en otras partes del mundo», afirmó la Dra. Roldán.

En el contexto de la disposición de fondos para proyectos en todo el mundo, la Fundación está aprendiendo a contribuir al discurso sobre el desarrollo en Luxemburgo, aprovechando las experiencias generadas a nivel mundial por los proyectos con los que trabaja.

«Las conversaciones que mantenemos con los donantes no se limitan al tema de la  recaudación de fondos. Más ampliamente, estas conversaciones están elevando la conciencia sobre los conceptos y principios centrales para el desarrollo — declaró Yves Wiltgen, responsable de discurso público de la Fundación—. Estamos promoviendo un diálogo en torno a estas ideas en diferentes espacios, incluso con donantes individuales, en escuelas, en los medios de comunicación, en reuniones especiales u otros eventos».

«Curiosamente, la gente ve que los entendimientos generados en otras partes del mundo son también aplicables al desarrollo de Luxemburgo. Por ejemplo, se está adquiriendo conocimiento acerca de cómo las comunidades pueden unirse en torno a aspiraciones más altas y cómo las personas pueden tomar iniciativas para ayudar a otros en sus comunidades», continuó el Sr. Wiltgen.

El trabajo de la Fundación Unidad ha avanzado en colaboración con el Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno luxemburgués, el cual  ha desarrollado un profundo agradecimiento por los principios que guían a la organización. En conjunto, la Fundación y el Ministerio han facilitado el flujo de más de 3 millones de euros a proyectos en África, América Latina y el Sudeste Asiático durante los últimos cinco años.

El 19 de noviembre, la Fundación Unidad organizó una cena formal para celebrar su vigésimo quinto aniversario. Ciento sesenta personas asistieron al evento en el Cercle Cité de Luxemburgo. Entre los invitados había personas de los sectores de los negocios, los medios de comunicación y de las administraciones públicas, así como otras personas que han apoyado el trabajo de la Fundación.

«Este evento fue mucho más que una celebración del veinticinco aniversario de la Fundación Unida, —declaró Wiltgen—. Es un signo de cierto nivel de conciencia de que no es aceptable la riqueza material en una parte del mundo y su ausencia en otras cuando consideramos el mundo entero como una familia».