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La construcción de paz requiere nuevas capacidades y empoderamiento

BRUSELAS, 30 de abril de 2017— Construir y sostener la paz en sociedades que están sufriendo conflictos violentos sigue siendo un desafío formidable para la humanidad. En los últimos años, un número creciente de gobiernos y organizaciones no gubernamentales interesados en promover los esfuerzos de construcción de paz en las sociedades afectadas por conflictos se han centrado en la relación entre la resiliencia de las poblaciones locales y la capacidad para una transición exitosa a la paz.

«El enfoque en la resiliencia captura una importante idea: las comunidades afectadas por conflictos deben ser vistas a través de la lente de la fuerza y la potencialidad, no de la fragilidad», escribió la CIB en su declaración a la Comisión Europea.

Recientemente, en el contexto de la Estrategia Global de la Unión Europea en materia de Política Exterior y de Seguridad, se hizo un llamamiento a las contribuciones sobre el tema de la resiliencia. En respuesta, la Oficina de Bruselas de la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB) presentó una declaración titulada «Paz y Resiliencia: Comprometerse eficazmente a nivel local» (inglés).

La declaración trata la importancia de apreciar y aprovechar las capacidades locales dentro de una población: «Una de las características que surgió en la conversación definiendo la resiliencia es la de procurar buscar las fuentes existentes de fuerza y capacidad a nivel local en el seno de las sociedades afectadas por conflictos y tratar de construir sobre estas, como un medio para una transformación duradera».

«Si bien las ideas y los recursos de los actores internacionales son esenciales, un marco con bases sólidas reconocerá que la paz no se transpone desde el exterior, sino que debe ser impulsada por fuentes constructivas internas», continúa la declaración.

Basándose en los puntos anteriores, la CIB sostiene que las comunidades locales deben ser vistas como las impulsoras de sus propios esfuerzos de construcción de la paz, desde la concepción de un proceso hasta su implementación y seguimiento. Aunque afirma que la paz no puede imponerse a ningún grupo desde el exterior, el documento también reconoce el papel fundamental de las intervenciones internacionales en el empoderamiento de las sociedades que enfrentan conflictos. Según la CIB, lo importante en estas intervenciones es la actitud:

«La postura en particular que se adopte es fundamental para crear un clima en el que las habilidades, los conocimientos y las capacidades locales puedan desarrollarse y aplicarse plenamente. Una forma de implicación verdaderamente participativa permite que los procesos de construcción de paz se basen en la comprensión de quienes tengan conocimiento de su realidad social inmediata, aprecien las preocupaciones y dinámicas culturales, sean capaces de identificar y navegar en las redes locales existentes, y puedan identificar las necesidades y oportunidades existentes».

La contribución de la CIB llega en un momento en que los bahá’ís de todo el mundo están adquiriendo nuevos conocimientos sobre el desarrollo de comunidades vibrantes y armoniosas. En el centro de sus esfuerzos está la convicción de que las poblaciones locales deben y pueden sostener su propio progreso material y espiritual.

«La experiencia de la comunidad bahá’í, aunque modesta, está dando algunas ideas muy importantes —comenta Rachel Bayani, representante de la CIB—. Estamos descubriendo que crear las condiciones sociales, así como el compromiso individual y colectivo para la construcción de paz requiere el cultivo de capacidades espirituales —continúa —. Por ejemplo, es fundamental que aprendamos a construir la capacidad de perdonar a los demás después de haber sido gravemente perjudicados o de sacrificar ganancias a corto plazo que solo pueden beneficiar a unos pocos en beneficio del conjunto, incluyendo las acciones para la prosperidad de las generaciones futuras».

«En última instancia, el objetivo de la construcción de paz debería ser abordar las condiciones subyacentes que causaron el conflicto en primer lugar. Para que esto suceda, los diferentes segmentos de la sociedad tienen que aprender a ver que son interdependientes, que no están inherentemente en conflicto entre sí. Necesitan ver su diversidad como una oportunidad, más que como una amenaza».