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Grave preocupación por la seguridad de los líderes bahá’ís encarcelados en Irán

NUEVA YORK (15 de febrero, 2011).– Los siete líderes bahá’ís encarcelados han sido transferidos a sectores más crueles de la prisión.

En el caso de las dos mujeres bahá’ís, la circunstancias de la transferencia han suscitado la sospecha de que haya sido planificada a fin de conducirlas a un entorno inseguro que amenace sus vidas.

La comunidad internacional bahá’í ha recibido información de que una de ellas, Fariba Kamalabadi, ya ha sido amenazada físicamente por presos desde que fue enviada a la tristemente célebre Sección 200 de la prisión de Gohardasht.

«Parece ser que se respira mucha tensión y animadversión entre los presos de esta sección», dijo Bani Dugal, principal representante de la Comunidad Internacional Bahá’í ante Naciones Unidas.

Transfirieron a la Sra. Kamalabadi a la Sección 200 el sábado 12 de febrero, junto con Mahvash Sabet.

«Es difícil conocer con certeza la razón de tales cambios», dijo la Sra. Dugal. «Sin embargo, creemos que, desde su llegada a Gohardasht, las mujeres bahá’ís, a pesar de su situación extrema, han sido una constante fuente de consuelo y esperanza para sus compañeras presas. Las autoridades de la cárcel parecieron alarmarse al ver muestras de respeto por parte de un creciente número de prisioneras. A fin de justificar el aumento de los malos tratos, las autoridades de la prisión las acusaron de enseñar la Fe bahá’í».

«Durante todo su período de encarcelamiento», añadió la Sra. Dugal, «las dos mujeres han actuado con espíritu de servicio hacia los demás. A principios del 2009, por ejemplo, compartieron celda en la prisión de Evin con una periodista irano-americano-japonesa, Roxana Saberi, quien más tarde escribió que ellas la ayudaron a vivir aquella terrible experiencia».

La semana pasada, se hizo un comunicado general a todas las prisioneras de que no debían tener ningún contacto con las dos mujeres bahá’ís. No obstante, algunas presas no se dejaron intimidar por ello y no dejaron de estar en contacto con ellas.

«Después de que las mujeres fueran trasladadas, algunas de las presas bajaron a su planta para visitarlas en sus nuevas celdas, a pesar de los esfuerzos de los guardas por impedirlo», afirmó la Sra. Dugal.

«La Sra. Kamalabadi y la Sra. Sabet fueron informadas de que, antes de ser transladadas, habían “alertado” sobre ellas a las presas de la Sección 200 », dijo.

Condiciones duras y antihigiénicas

Los siete líderes bahá’ís fueron enviados a la prisión de Gohardasht, 20km al oeste de Teherán, en agosto del año pasado. Habiendo estado previamente encarcelados en la prisión de Evin de Teherán sin cargos durante 20 meses, fueron acusados de espionaje y de establecer una administración ilegal, entre otras acusaciones. Todos los cargos fueron rechazados. Después de un breve juicio, fueron condenados a 10 años de prisión.

Gohardasht es tristemente conocido por sus condiciones duras y antihigiénicas, y al principio los prisioneros bahá’ís fueron ubicados lejos de algunos de los presos más violentos de la prisión. Asimismo, tenían acceso relativamente frecuente a áreas exteriores de ejercicio.

Sin embargo, en las últimas semanas, los siete han sido enviados de las celdas que originariamente ocupaban a secciones donde las condiciones son mucho peores.

Los cinco hombres fueron transferidos hace tres semanas a la zona reservada a prisioneros políticos, conocida como Sección 4, más abarrotado de prisioneros y, según se informa, bajo vigilancia extrema. Ahora están padeciendo graves carencias físicas.

«Tres de ellos están juntos en una celda y los otros dos comparten otra», informa la Sra. Dugal. «Hay dos camas en cada celda, por lo que uno de ellos tiene que dormir en el suelo».

«Los presos de esta sección de la prisión pueden salir al aire fresco solo en momentos determinados, mientras que antes podían hacerlo cuando lo desearan», añade.

Llamamiento a gobiernos

«En nuestra carta abierta del 7 de diciembre 2010 dirigida al Jefe del Poder Judicial de Irán, subrayábamos que ni los más peligrosos criminales merecen un ambiente tan detestable y degradante», afirma.

«Preguntamos al Gobierno iraní una vez más: ¿Cree que los principios islámicos de compasión y justicia concuerdan con la imposición de tales condiciones a ciudadanos inocentes?».

«Seguimos pidiendo a los gobiernos y a la gente de buena voluntad por todo el mundo que hagan lo que esté en sus manos a fin de mostrar al Gobierno iraní que sus acciones están siendo observadas, y que se le exigirá responsabilidades por seguridad de estos y de otros 50 bahá’ís más encarcelados en Irán», concluye Bani Dugal.

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