Conocimiento y transformación social

Algunas áreas de aprendizaje

Bahá’u’lláh hizo un llamamiento a la humanidad a transformar la sociedad actual y dar un salto en su proceso de evolución social. Elaboró un diseño y estableció prácticas, principios, procedimientos, leyes, ordenanzas e instituciones relativas tanto a la organización de la sociedad, como al refinamiento de la vida de las personas. Sin embargo, todo esto se encuentra de forma embrionaria en Sus Escritos y es la tarea de sucesivas generaciones aprender colectivamente a traducirlo a la realidad y así establecer una nueva civilización mundial.

En España, personas y grupos de todos los orígenes sociales, culturales y religiosos, inspirados por esta visión, están aprendiendo a trabajar en equipo en diferentes niveles geográficos (en barrios, provincias, regiones, en el país) para aplicar las enseñanzas de Bahá’u’lláh, junto con los métodos de la ciencia, con el fin de avanzar hacia dicho nuevo orden social próspero, que equilibre lo global con lo local y que esté caracterizado por ciertos principios como la unidad y la justicia social. Este proceso no es sencillo y exige mucha acción por parte de contingentes crecientes de personas, así como un enfoque efectivo para generar, sistematizar y difundir el conocimiento que va emergiendo en los distintos niveles. Además, también se requieren planes mundiales y nacionales de acción, para que los esfuerzos sean concertados, coordinados y, por tanto, más efectivos.

Transformar la sociedad y contribuir al avance de la civilización implica trabajar en prácticamente todos los ámbitos de la vida social: la economía, la cultura, la política, la ciencia, la tecnología, las artes, la educación, por mencionar algunos. Todos estos aspectos progresivamente serán abordados en el camino de establecer un modelo alternativo de organización social. Sin embargo, no se puede abordar todo al mismo tiempo. Por ello, se van priorizando algunas áreas de acción. A medida que se va aprendiendo, que se va involucrando a más personas y que la capacidad aumenta, se introducen nuevas líneas y áreas de acción.

Establecer un patrón de actividad y las estructuras administrativas correspondientes que encarnan el principio de la unidad de la humanidad, y las convicciones que lo sustentan, es quizá el área de aprendizaje más sobresaliente que la comunidad bahá’í de España, al igual que otras comunidades bahá’ís del mundo, encara.

Algunas de esas convicciones relacionadas se presentan aquí a modo de ilustración:

  • que el alma racional no tiene género, raza, etnia o clase, lo que hace intolerable cualquier forma de prejuicio, entre los que destacan aquellos que impiden que las mujeres alcancen su potencial y participen en diversos campos de actividad codo con codo junto a los hombres.
  • que la causa raíz del prejuicio es la ignorancia, que puede eliminarse a través de procesos educativos que hagan accesible el conocimiento a toda la raza humana, garantizando que no se convierta en propiedad de una minoría privilegiada.
  • que la ciencia y la religión son dos sistemas complementarios de conocimiento y práctica, por medio de los que los seres humanos llegan a comprender el mundo que les rodea y a través de los cuales avanza la civilización.
  • que la religión sin la ciencia pronto degenera en superstición y fanatismo, mientras que la ciencia sin religión se convierte en un instrumento de materialismo descarnado.
  • que la verdadera prosperidad, fruto de una coherencia dinámica entre las necesidades materiales y espirituales de la vida, se volverá cada vez más lejana, mientras el consumismo siga actuando como el opio del alma humana.
  • que la justicia, como facultad del alma, permite al individuo distinguir lo verdadero de lo falso y guía la investigación de la realidad, tan esencial si han de eliminarse las creencias supersticiosas y tradiciones caducas que impiden la unidad.
  • que cuando se ejerce debidamente sobre las cuestiones sociales, la justicia es el instrumento más importante para el establecimiento de la unidad.
  • que el trabajo realizado con espíritu de servicio a nuestros semejantes es una forma de oración, un medio de adorar a Dios.

Convertir en realidad ideales como estos, producir una transformación personal y sentar las bases de estructuras sociales adecuadas no es una tarea fácil, sin lugar a dudas. No obstante, la comunidad bahá’í de España está dedicada al proceso de aprendizaje de largo plazo que esta tarea conlleva, tarea a la que se invita a participar a un número creciente de personas de toda condición y de cualquier grupo humano.

Entre los procesos más sobresalientes sobre los que se está intentando aprender destacan cómo reunir a gente de distintas procedencias en un ambiente que, desprovisto de la constante amenaza de conflictos y destacado por su carácter devocional, les anime a dejar de lado las costumbres divisivas de una mentalidad partidista, fomente un mayor grado de unidad de pensamiento y acción, y suscite su participación incondicional; cómo administrar los asuntos de una comunidad en la que no hay una clase gobernante con funciones sacerdotales que pueda reclamar distinción o privilegio; cómo hacer posible que contingentes de hombres y mujeres se liberen del cautiverio de la pasividad y de las cadenas de la opresión para participar en actividades que propicien su desarrollo espiritual, social e intelectual; cómo ayudar a los jóvenes a navegar por una etapa crítica de sus vidas y empoderarse para encauzar sus energías hacia el avance de la civilización; cómo crear dinámicas dentro de la unidad familiar que lleven a la prosperidad material y espiritual, sin inculcar en las nuevas generaciones sentimientos de alienación hacia un «otro» ilusorio, o alimentar cualquier instinto de explotación de los que han sido relegados a esa categoría; cómo hacer posible que la toma de decisiones se beneficie de una diversidad de perspectivas mediante un proceso consultivo que, si se comprende como investigación colectiva de la realidad, promueve el desapego a los puntos de vista personales, tiene en debida cuenta datos empíricos válidos, no eleva al rango de realidad lo que es una mera opinión, ni define la verdad como un compromiso entre grupos de interés opuestos. Para explorar cuestiones como éstas y las muchas otras que ciertamente surgirán, la comunidad bahá’í ha adoptado un modo de funcionamiento caracterizado por la acción, reflexión, consulta y estudio; un estudio que implica no sólo una constante referencia a los escritos de la Fe sino también un análisis científico de las pautas que van siendo desplegadas. De hecho, cómo mantener este modo de aprendizaje en acción, cómo garantizar que un número creciente de personas participe en la generación y aplicación del conocimiento relevante y cómo diseñar estructuras para la sistematización de una experiencia en expansión a nivel mundial y la distribución equitativa de las lecciones aprendidas, son, en sí mismos, objeto de examen periódico.