Historia

Primeros años

La historia de la Fe bahá’í en España comenzó en 1946 con la llegada a España de Virginia Orbison, una entusiasta bahá’í norteamericana que se trasladó al país con el objetivo de dar a conocer el Mensaje de Bahá’u’lláh. España estaba viviendo un período difícil en ese tiempo, pero esas dificultades curtieron el carácter de una generación que, gracias a la capacidad de trabajo, de ahorro y de esfuerzo que tuvo que desarrollar, en las décadas posteriores contribuyó a la prosperidad y desarrollo del país. En esa época también, pioneros bahá’ís viajaban por todo el mundo guiados por Shoghi Effendi, conocido por los bahá’ís como el Guardián, con el fin de difundir las enseñanzas bahá’ís por todos los confines de la tierra. Esto hizo que estas personas lograran tener una visión global, en un período en el que todavía la globalización no estaba en su apogeo. De este modo, la Fe bahá’í se estableció poco a poco en la mayoría de estados y territorios del mundo.

Bajo la guía de planes delineados por Shoghi Effendi, entre 1937 y 1943 varios países como Estados Unidos, Reino Unido, India o Irán, tuvieron un papel fundamental en impulsar el proceso de crecimiento descrito antes. Estos pioneros se asentaron en países seleccionados de antemano, como ocurrió con España, que en aquel entonces estaba dentro de las metas de los planes de enseñanza de Estados Unidos. Este movimiento cobró especial impulso entre 1953 y 1963 a través de un plan mundial de 10 años cuyos frutos fueron la consolidación de la Fe bahá’í por todo el planeta y la elección de la Casa Universal de Justicia, el cuerpo de gobierno internacional para los bahá’ís.

Este proceso, con diferentes matices, continúa hoy en día. Innumerables bahá’ís se trasladan a ciudades y barrios dentro de sus propios países para compartir las enseñanzas de Bahá’u’lláh y explorar la implementación de sus principios en un proceso de construcción de comunidad que a largo plazo pueda contribuir al mejoramiento de la sociedad.

Después de la llegada de Virginia Orbison a España, entre 1946 y 1947, emergió el primer grupo de bahá’ís en Madrid, compuesto por siete españoles, en un contexto en el que el país se encontraba aislado internacionalmente bajo el régimen Franquista. En 1948 se formó en Madrid la primera Asamblea Espiritual Local, destinada a guiar los esfuerzos de la incipiente comunidad, a difundir las enseñanzas y a estimular una vida comunitaria caracterizada por la apertura y la unidad. Progresivamente fueron estableciéndose nuevas comunidades en Barcelona, Terrassa, Murcia, Mallorca, Valencia, Alicante y Cartagena, formando Asambleas Espirituales Locales en cada comunidad en la que había al menos 9 bahá’ís mayores de 21 años. Este proceso también continúa fortaleciéndose en la actualidad, habiendo ya 55 Asambleas Espirituales Locales y bahá’ís en más de 300 localidades del país. Fruto de este crecimiento y de la multiplicación de actividades para el bienestar, el progreso y la unidad en las diferentes regiones, en 1957 se forma la primera Asamblea Espiritual Regional Ibérica, institución que guiaba a toda la comunidad bahá’í de la península ibérica y la conectaba con el Centro Administrativo del mundo bahá’í en Haifa.

Un fuerte espíritu de unidad, un gran sentido de propósito, mucha emoción por las perspectivas del futuro, profunda pasión por sus esfuerzos de enseñanza, eran algunas de las características de la entonces incipiente comunidad bahá’í española. Estas características, en cierta medida, todavía distinguen la comunidad bahá’í actual. Sorprende mirar esos primeros años y observar la alegría de estos primeros creyentes, ya que la época de la posguerra es recordada en la memoria colectiva de España como un período oscuro y doloroso. Los primeros bahá’ís no estaban aislados de estas dinámicas, de hecho, varios de ellos fueron encarcelados y sufrieron penalidades. Sin embargo, la motivación que les producía la aceptación de una nueva fe que, por un lado, les conectaba con Dios y, por otro, hablaba de la posibilidad y del imperativo de crear un mundo más justo, pacífico y cohesionado, eclipsaba todos los otros aspectos de la vida.

A lo largo de esos años, la comunidad bahá’í siguió desarrollando su capacidad de aplicar las enseñanzas de Bahá’u’lláh en las vidas individuales y colectivas de sus integrantes y, según su creciente capacidad, también aumentaron los esfuerzos y el número de iniciativas por lograr expandir la influencia edificadora de las enseñanzas de Bahá’u’lláh en diferentes ámbitos. Algo muy típico en aquella época eran los viajes de enseñanza, donde individuos denominados maestros viajeros, se movían, individualmente y en grupo, tanto por el país como por el extranjero, para crear un mayor número de comunidades bahá’ís y de Asambleas. En 1962, como resultado de todos estos esfuerzos, se forma por primera vez la Asamblea Espiritual Nacional de España.

Hoy día, la comunidad bahá’í española sigue aprendiendo tanto a compartir las enseñanzas bahá’ís como a invitar a personas de cualquier origen a un proceso de construcción de comunidad que se enmarca en uno más amplio de erección de una nueva civilización. En todos los lugares, los bahá’ís mantienen conversaciones con sus amigos y vecinos en las que tratan de identificar las necesidades de su entorno y procuran esforzarse por elevar las condiciones que les rodean.