Una cultura de cambio

Unidad en diversidad

El propósito fundamental de la Fe bahá’í es la unidad de todos los pueblos y naciones del mundo en espíritu de armonía. Esta armonía, entre otros muchos aspectos, requiere la potenciación de la aportación de cada individuo y grupo a una nueva sociedad, respetando, y de hecho promoviendo, las diferencias culturales, lingüísticas y artísticas, por mencionar algunas. El principio de unidad en diversidad encuentra expresión en la gran variedad cultural de comunidad bahá’í de España, así como en la membresía de sus instituciones locales y nacionales.

La sociedad española, en las últimas décadas, ha experimentado una gran eclosión de diferencias culturales como resultado de los movimientos poblacionales. Esta eclosión, aunque al principio pudo suscitar cierta perplejidad, debido a la difuminación de la homogeneidad anterior característica de varias zonas geográficas, ha enriquecido significativamente la vida social, cultural y económica del país. Gran parte de los nuevos negocios, de la nuevas expresiones artísticas, por señalar dos ejemplos, proceden de poblaciones que, tal como hicieron los españoles en su día (y siguen haciendo) inmigraron a España. Estos colectivos son ya parte de la identidad colectiva y, a pesar de que inicialmente se podían ver como un fenómeno transitorio, hoy día son parte del nosotros. La identidad colectiva evoluciona, y España no podía ser ajena a este fenómeno conocido.

La comunidad bahá’í está extendida por todo el territorio nacional. Perteneciendo a un territorio tan diverso, además, los bahá’ís han encontrado maneras de no solo respetar, sino de valorar esta riqueza cultural. Algunos ejemplos son: las traducciones de sus Escritos sagrados a todas las lenguas oficiales de España, varias de las cuales ya están publicadas por la Editorial Bahá’í de España; la creciente cantidad de obras culturales y artísticas compuestas por bahá’ís, tales como canciones, bailes tradicionales, comidas o poesía de cada región, y que se comparten en las celebraciones y reuniones; y los materiales de los programas educativos que los bahá’ís han emprendido en todo el mundo y que se están traduciendo al Catalán y al Euskera.

Además, gracias a los movimientos migratorios de las décadas recientes a los que se ha hecho mención, la comunidad bahá’í de España también se está enriqueciendo, no solo por la variedad de rostros nuevos, sino por las tradiciones y expresiones artísticas que traen consigo. No es de extrañar, por ejemplo, ver un baile ecuatoriano en una reunión bahá’í, tras haber escuchado unas gaitas asturianas.

La cultura romaní merece mención especial, ya que con su particular visión, sensibilidad y talento ha dejado huella en la identidad de la comunidad bahá’í española. El pueblo Rom, además, tiene gran afinidad por las expresiones artísticas y ha podido expresar su espiritualidad tradicionalmente a través de la música y el baile. En esta línea, su conexión con la Fe bahá’í en España se ha manifestado de diversas maneras, entre las que destaca la composición tanto de melodías para los textos sagrados bahá’ís como de canciones inspiradas en estas enseñanzas.