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Las elecciones sin candidatos ni campañas son posibles

—Madrid, 25 de abril de 2019—. El sábado previo a las elecciones presidenciales en España, los bahá’ís eligen a su Consejo de Gobierno a través de un método único, sin campañas ni candidatos, que genera consenso y favorece la unidad.

Durante la Festividad de Ridván —que celebra la declaración pública de la misión de Bahá’u’lláh a las afueras de Bagdad en vísperas de un segundo destierro—, los bahá’ís, como ya es habitual, eligen a su Consejo de Gobierno. Este año, dicha elección, por coincidencia, precede a las elecciones presidenciales, el acontecimiento político por excelencia de la democracia.

Es de destacar el contraste entre ambos sistemas. Las elecciones bahá’ís de España movilizan a un número mucho menor de votantes —alrededor de cinco mil— y se dan en dos etapas: en primer lugar, una serie de convenciones regionales en las que se escogen a los delegados territoriales, y posteriormente, la convención nacional que se celebrará este próximo sábado.

El primer rasgo es que las elecciones bahá’ís no tienen candidatos. Los bahá’ís son llamados a votar por aquellos que tienen un espíritu de servicio genuino, sin intereses. Todos los mayores de veintiún años pueden votar y son elegibles por un período de un año. Además, el voto no solo es secreto, sino que las enseñanzas bahá’ís plantean que los electores no deben compartir sus preferencias para salvaguardar la unidad e integridad de la comunidad.

El segundo rasgo que se desprende del primero es que no existen campañas. El tiempo previo a las elecciones bahá’ís es un periodo de reflexión, de introspección y de calma; un periodo en el que las personas hacen un esfuerzo incluso mayor por no exponerse demasiado públicamente. Es la capacidad espontáneamente identificada —en el trabajo diario a lo largo de todo el año— la que se debe utilizar como indicador para dirigir el voto hacia una persona u otra.

El ambiente en el que se realizan las elecciones, en tercer lugar, es un ambiente sumamente espiritual, de meditación y reverencia ante lo sagrado. Tal como se expuso anteriormente, las elecciones nacionales se dan en dos etapas. La primera etapa consiste en convenciones regionales que reúnen las mismas condiciones del ambiente descrito. Los bahá’ís de una provincia o subregión deliberan durante un día sobre el estado de la comunidad, de la sociedad y sobre los proyectos que mejor pueden servir al bien común y, tras oraciones y períodos de meditación, eligen a sus delegados.

Dichos delegados, quienes representan a una zona electoral pero actúan posteriormente en conciencia, acuden —como este fin de semana— a la convención nacional, que se celebra por lo general en el Centro de Estudios Bahá’ís de Llíria, Valencia. Allí, durante varios días, más de cincuenta delegados consultan, intercambian ideas con el Consejo de Gobierno saliente y eligen, en un ambiente de devoción calmada y reflexiva, a las nueve personas que conformarán la Asamblea Espiritual Nacional por un año.

Quizá el último rasgo distintivo vinculado a las elecciones radique en el hecho de que aquellos que son elegidos no ostentan una posición superior a la del resto de bahá’ís. Son elegidos por un período corto durante el cual, en la mayor parte de los casos, no dejan de ejercer su profesión para ejercer una función que puede asociarse con el liderazgo, pero que se aleja de toda noción sacerdotal o pastoral. La Asamblea Espiritual Nacional está dotada de autoridad dentro de la comunidad bahá’í, pero no los miembros individuales que la conforman. Aunque es natural que los bahá’ís se relacionen con respeto hacia aquellos que son elegidos —por su conexión con la institución sagrada de la que son parte—, la posición de quienes son elegidos y sus opiniones no tienen un rango superior a las del resto.

En una época en la que las formas de hacer política parecen estar desgastándose —por el exceso de propaganda, de intereses y de recurso al conflicto y a la competición—, el sistema electoral bahá’í constituye un microcosmos de estudio relevante que puede arrojar principios, mecanismos y lecciones transferibles a la vida política de la sociedad.

No obstante, seguramente en este momento el sistema electoral bahá’í no sea aplicable al sistema político español en su totalidad, ya que su puesta en acción, por un lado, exige ciertos compromisos por parte de quienes participan en las elecciones y, por el otro, requiere de unas condiciones sociales previas. Por citar dos ejemplos de cada uno de los desafíos señalados: en cuanto al compromiso individual, el desprendimiento de toda ambición o deseo de figurar, dominar, imponer una agenda es crucial. Sin él, las formas y procedimientos por sí solos no parecen funcionar. Y en cuanto a las condiciones previas, para que este sistema sin candidatos ni campañas sea factible, la gente se debe conocer, por lo que es necesario tener procesos de vida comunitaria en los barrios del país donde las personas puedan aprender a colaborar, conocerse y emprender proyectos juntos. Además, estos procesos comunitarios de base deben estar coordinados regional y nacionalmente, para favorecer el aprendizaje y facilitar el conocimiento mutuo.