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La discriminación religiosa también se puede prevenir

—Madrid, 25 de junio de 2019—. A lo largo del mes de mayo, una treintena de profesionales y estudiantes participaron en un curso de prevención de la discriminación por motivos religiosos celebrado en la Universidad Pontificia de Comillas.

IV edición del curso de ‘Agentes de prevención de la islamofobia y la discriminación por motivos religiosos’ organizado por la Fundación la Merced Migraciones.

Por cuarta vez, la Fundación la Merced Migraciones ha organizado un curso para formar a «agentes de prevención de la islamofobia y la discriminación por motivos religiosos» con la colaboración de 12 organizaciones, entre las que se encuentran la Fundación Pluralismo y Convivencia, el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas, la Asociación Tayba, la Unidad de Gestión de la Diversidad de la Policía Municipal de Madrid y la Comunidad Bahá’í de España.

El curso es una de las múltiples actividades que realiza el proyecto Salam, una iniciativa que busca promover la convivencia intercultural e interreligiosa y prevenir la intolerancia por motivos religiosos a través del encuentro entre culturas y confesiones. Este proyecto es financiado por el Fondo Social Europeo y el Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Al igual que en anteriores ediciones, la comunidad bahá’í participó en la impartición del curso. «Tratamos de plantear cómo una buena gestión del pluralismo religioso puede fortalecer la cohesión social e impulsar procesos de integración», señaló Leila Sant, miembro de la Oficina de Asuntos Públicos de la Comunidad Bahá’í de España. «Para ello, hemos visto que es indispensable la colaboración entre instituciones, la creación de buenas políticas públicas y el desarrollo de capacidades y actitudes individuales».

Algunas de estas capacidades y actitudes consisten en evitar el prejuicio religioso de la misma manera que se evita la discriminación hacia otros grupos en razón del género o la nacionalidad; subordinar las identidades secundarias —que agrupan a las personas por afinidad de género, clase social, etnia, familia o religión— a una identidad colectiva, primaria y universal —que radica en nuestra condición de seres humanos—; comprender elementos básicos de las religiones y ser sensible a sus necesidades; analizar las situaciones en función de hechos y no presunciones o imaginaciones; evitar las generalizaciones a partir de un suceso específico y tratar de analizarlo en un contexto apropiado; evitar los juicios y las clasificaciones entre situaciones normales o anormales.

«En el curso también se trató un caso práctico en que el que cada participante tenía que desarrollar un papel concreto, ya fuese como el director de la escuela del barrio o un representante político del municipio», destacó Sant, «y así descubrimos que incluso cuando los problemas que surgen no son fáciles de resolver, tenemos que ser creativos a la hora de buscar soluciones y crear sinergias, por un lado, y tener una actitud inclusiva y no dejar a nadie fuera de la consulta, por el otro».