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Atípica celebración de Ridván de 2020

—Madrid, 2 de mayo de 2020—. Este año, y sin precedente, los bahá’ís de España se han reunido de una forma extraordinaria para celebrar el Festival de Ridván, y recordar que toda tragedia tiene el potencial de convertirse en una victoria.

Niños de la Comunidad Bahá’í de Madrid felicitando el Ridván desde la tienda de campaña que han construido en su casa.

Esta celebración, conocida por los bahá’ís como la «Más grande Festividad», transcurre durante doce días en los que se festeja la declaración pública de la misión profética de Bahá’u’lláh.

En 1863, tras la recepción de la orden de exilio en forma de invitación a Estambul por parte del Sultán otomano, Bahá’u’lláh abandonó la ciudad de Bagdad y se instaló en un  jardín, conocido como el jardín de Ridván, cuya traducción es jardín del paraíso. En este lugar de especial importancia para los bahá’ís, rodeado de rosas, familiares y amigos, Bahá’u’lláh declaró abiertamente que Él era esa figura profética universal vaticinada en todas las religiones predicho por el Báb. Durante doce días permaneció en ese jardín al lado del río Tigris despidiéndose de las miles de personas que lo visitaron durante día y noche antes de emprender su viaje hacia Constantinopla (actual Estambul).

Una de las celebraciones de Ridván de la Comunidad Bahá’í de Bilbao

En esta primavera de 2020, 157 años más tarde, los bahá’ís de España han organizado reuniones a través de los medios digitales —respetando las normas de confinamiento— para celebrar el Festival de Ridván. Además, los niños han decorado sus casas construyendo pequeñas tiendas de campaña simulando las tiendas en las que permaneció Bahá’u’lláh y sus acompañantes.

Esta es una fecha que en su momento causó sufrimiento y tristeza entre los seguidores del Báb y los habitantes de Bagdad debido al exilio de quien fuera el seguidor más destacado del profeta heraldo y que se convertiría en Aquel que vaticinaba el Báb que aparecería pronto. Pero Bahá’u’lláh llamó a este destierro «La Primavera Divina»,  «el Día de la felicidad suprema» o «el Rey de las Festividades», y a día de hoy los bahá’ís celebran este periodo como uno de los ejemplos de la historia de cómo una desgracia se transforma en victoria y la degradación en gloria.

Un aprendizaje oportuno de recordar en los tiempos que atraviesa la sociedad global. La crisis sanitaria en la que se ve envuelta el planeta entero es una terrible tragedia que puede, a su vez, verse como una oportunidad de aprendizaje y desarrollo. Individuos, instituciones y diversas comunidades no solo han sido capaces de desarrollar valores como la solidaridad y la empatía, sino que esfuerzos por construir sistemas que garanticen el bienestar social están en marcha desde todos los sectores. 

Quizá estos momentos de reflexión que han despertado sentimientos de unidad y esfuerzos colaborativos puedan servir para propulsar cambios estructurales que llevaban tiempo siendo necesarios y ahora se han convertido en urgentes. Después de casi dos meses de cuarentena, se pueden comenzar a atisbar propuestas concretas que ofrecen soluciones reales a temas tales como la emergencia climática, la futura crisis económica o la organización gubernamental global. Después de todo, las crisis, si se aprovechan apropiadamente, son oportunidades para la mejora y el crecimiento; en definitiva, para la victoria.