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Reformular la relación de la humanidad con el mundo natural

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–CIB Nueva York–. «¿Actuará la humanidad basándose en la verdad de que su propio destino y el del planeta están irrevocablemente entrelazados? ¿O habrán de producirse calamidades aún mayores para moverla a la acción?», pregunta la Comunidad Internacional Bahá’í (CIB) en una declaración publicada recientemente con ocasión de la reunión Estocolmo+50.

«El cambio climático y otras graves crisis en el mundo están obligando a la humanidad a reconocer su existencia singular como especie y, por lo tanto, su necesidad de nuevos modelos de organización acordes con las necesidades actuales ―declaró Daniel Perell―, representante de la CIB, en un foro de debate celebrado en el Parlamento sueco y copatronizado por la CIB junto con dos parlamentarios suecos y otras organizaciones de la sociedad civil.

La declaración presenta una lectura que invita a la reflexión sobre las causas profundas del creciente deterioro del medio ambiente, y destaca los principios y propuestas de acción que se basan en las experiencias de muchas décadas «en las que la comunidad internacional no solo imaginó un mundo mejor, sino que dio pasos por vías no transitadas anteriormente».

El mensaje principal de la declaración subraya la brecha entre la intención y la acción como uno de los retos centrales que afronta la humanidad. Esta brecha, declara la CIB, puede ser superada mediante las acciones de individuos, comunidades y naciones que contribuyan a ese objetivo diariamente. Sin embargo, el ritmo de transformación no ha seguido a la par que las exigencias del momento.

«Para que la acción llegue a los niveles necesarios, se necesita un consenso mucho mayor y una voluntad colectiva entre las naciones en torno a los valores que exige el estado actual de desarrollo de la humanidad», reza la declaración.

Algunos de los temas analizados por la CIB en Un planeta, un hogar son: el principio esencial de la unidad de la humanidad como la única base sobre la que se pueden erigir sociedades sostenibles; la justicia como proceso y resultado; la consulta y el fomento del consenso en la acción; y la redefinición de las nociones de progreso y desarrollo.

Entre las propuestas ofrecidas en la declaración hay algunas relativas al importante papel de los Gobiernos en la construcción de un mundo más sostenible. Por ejemplo, la CIB sugiere que un mecanismo que garantice la coordinación fiscal mundial y un marco para regular los flujos financieros ilícitos podrían reducir las disparidades de riqueza entre las naciones, permitiéndoles obtener recursos para hacer frente a las necesidades apremiantes y a las futuras.

María Fernanda Espinosa, antigua presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas, manifestó su respeto por estas ideas al declarar que «es esencial que el nuevo pacto de futuro se base en un sistema multilateral de valores».

Y agregó: «No se trata de una declaración en abstracto. Exige la redistribución de la riqueza y del poder, y la transición de la avaricia hacia la solidaridad, de los prejuicios hacia la empatía y la amabilidad, de la indiferencia y el odio hacia el amor total por la humanidad y la naturaleza».

Un planeta, un hogar constituye la contribución más reciente de la CIB al diálogo sobre el medio ambiente. Entre las demás declaraciones importantes impulsadas por el CIB, se encuentran las presentadas en París en 2015 en la 21ª reunión de la Conferencia de Miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la de 1992 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo o «Cumbre de la Tierra» y la primigenia Conferencia de Naciones Unidas de 1972 sobre el Medio Humano.

Enlace a documento (en inglés)