– Madrid 10 de diciembre, 2025 – Hoy se cumplen setenta y siete años desde la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Aunque el mundo ha vivido grandes avances desde 1948, sigue siendo necesario recordar sus principios fundamentales, especialmente aquellos que protegen la dignidad interior de cada persona. El Artículo 18, que asegura la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, es un pilar esencial para la convivencia que respete la diversidad. Reconoce el derecho a creer, a no creer, a cambiar de creencias y a expresarlas de forma individual o colectiva. Celebramos que España es un país que promueve la libertad religiosa no sólo en sus legislatura sino también en las bases de la convivencia, y en este artículo aportamos algunas reflexiones que nos ayuden a avanzar en las tareas pendientes.
Un país plural que aún enfrenta desafíos

Infografía elaborada por IKERFEL sobre la base de los principales resultados del Barómetro sobre religión y creencias en España.
Los datos del primer Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC) publicado por la Fundación Pluralismo y Convivencia ayudan a entender la realidad del país: una sociedad que se define mayoritariamente creyente (54%), que en gran medida valora la diversidad religiosa, aunque aún convive con prejuicios y situaciones de discriminación.
La diversidad religiosa en España es vista como algo positivo por casi la mitad de la población, siendo las mujeres y los jóvenes (18-34 años) quienes se muestran más abiertos a esta realidad social. Sin embargo todavía hay personas que se sienten incómodas ante creencias distintas a las propias, e incluso un porcentaje que declara haber sufrido discriminación.
Estos datos, más que describir un problema, abren la puerta a una reflexión más profunda: ¿cómo hacemos que la convivencia avance al ritmo de la pluralidad real de nuestra sociedad?
Una contribución bahá’í al diálogo sobre libertad y diversidad religiosa
La Fe bahá’í ofrece una visión que puede ayudar a iluminar este debate. Sus escritos y orientaciones institucionales remarcan que la diversidad de creencias es una característica natural de la humanidad, no un obstáculo. Desde esta perspectiva, la libertad de conciencia no se entiende sólo como un derecho individual, sino como una condición necesaria para que las personas y las comunidades puedan desarrollarse plenamente.
Según este enfoque, la verdadera convivencia no se logra únicamente mediante leyes —aunque son esenciales—, sino a través de un proceso educativo que fortalezca actitudes como la apertura, la empatía y el respeto mutuo. Las instituciones bahá’ís suelen señalar que la diversidad religiosa, cultural o étnica puede actuar como una fuente de aprendizaje y creatividad si se aborda con espíritu de cooperación.
Dentro de esa visión, la libertad religiosa implica no solo poder practicar una fe, sino también vivir sin miedo a ser juzgado, excluido o ridiculizado por las propias creencias. La discriminación religiosa —de la que también da cuenta el barómetro— se interpreta como una señal de que todavía queda camino por recorrer para reconocer la dignidad inherente de cada persona.

Infografía elaborada por IKERFEL basada en los resultados del Barómetro sobre Religión y Creencias en España.
La familia como primer espacio de convivencia
Uno de los hallazgos más significativos del barómetro es que la familia ocupa el primer lugar entre aquello que da sentido a la vida de la mayoría de la población española (90%). Esta percepción conecta de manera natural con la mirada bahá’í sobre el papel de la familia.
La comunidad bahá’í describe a la familia como el primer entorno donde se aprenden valores esenciales para la convivencia social: cooperación, responsabilidad, justicia y respeto. Según esta perspectiva, si queremos sociedades más unidas y libres de prejuicios, es en los hogares donde debe empezar ese proceso de transformación.
La libertad de conciencia, el aprecio por la diversidad y la capacidad de ver en los demás un igual no son solo conceptos jurídicos o filosóficos, sino cualidades humanas que se aprenden en la vida cotidiana: en cómo hablamos, en cómo escuchamos, en cómo educamos a las nuevas generaciones.
Un camino hacia la unidad en la diversidad
La visión bahá’í entiende a la humanidad como una sola familia, diversa y compleja, en la que cada persona tiene un papel que desempeñar. Desde esa perspectiva, la diversidad religiosa no es un desafío a gestionar, sino una oportunidad para construir una sociedad más consciente, justa y cooperativa.
El Día Internacional de los Derechos Humanos es, por tanto, una invitación a avanzar en ese camino: a reconocer la dignidad de cada ser humano, a proteger la libertad interior de todas las personas y a construir espacios —en la familia, en la comunidad y en la sociedad— donde esa libertad pueda desplegarse plenamente.