-Madrid 13 de julio de 2026- Desde las celdas de la prisión de Adelabad, en Shiraz, el prisionero bahá’í Pejman Zare ha conmovido al mundo con una carta enviada a su hijo Radvin en su primer cumpleaños. Aunque el texto describe el dolor de la separación y la injusticia del encierro, prevalece un mensaje de optimismo inquebrantable. Zare aprovecha la fecha para reafirmar el amor a su familia y su fe en el destino de Irán, recordando que el futuro es una obra colectiva que exige el compromiso, el servicio y la búsqueda de justicia por parte de todos sus ciudadanos.
Desde la prisión de Adelabad, en Shiraz, Pejman Zare escribió una carta a su hijo Radvin con motivo de su primer cumpleaños. En ella relata el dolor de estar separado de su familia, pero también expresa una profunda convicción: que el progreso y la prosperidad de Irán dependerán de los esfuerzos de todos sus ciudadanos por construir un futuro basado en la justicia, la unidad y el servicio.
«Hoy se cumplen noventa y dos días desde que estoy injustamente encarcelado debido a mi creencia en la Fe bahá’í y a mis esfuerzos por contribuir al progreso de mi patria, la sagrada tierra de Irán», escribió Zare, quien fue arrestado el 15 de marzo después de que agentes de seguridad registraran su domicilio y confiscaran pertenencias personales, dispositivos electrónicos y libros religiosos. Durante semanas, su familia apenas tuvo información sobre su paradero o su situación. Aunque posteriormente se solicitó una fianza y la familia cumplió con dicho requisito, su liberación no se produjo y se añadieron nuevas acusaciones a su expediente.
Una carta de amor, conciencia y esperanza
En su carta, el señor Zare reconoce que no pudo estar presente durante el primer año de vida de su hijo: «Durante noventa y dos días, has estado privado de la presencia de tu padre». Sin embargo, explica que su ausencia está vinculada a un compromiso más amplio: «El objetivo de todos nosotros, los iraníes, es el progreso, el avance y la prosperidad de nuestro amado país. Un futuro brillante aguarda a Irán, pero el futuro no es algo que descubrimos; es algo que construimos».
Para Simin Fahandej, Representante de la Comunidad Internacional Bahá’í ante las Naciones Unidas en Ginebra, la carta revela la dimensión humana de la persecución que afrontan los bahá’ís en Irán. «Ningún niño debería tener que celebrar su primer cumpleaños mientras uno de sus padres se encuentra injustamente encarcelado», afirmó. «La carta de Pejman Zare recuerda que los bahá’ís de Irán buscan contribuir a su sociedad: no confrontación, sino contribución; no división, sino unidad; no privilegios, sino la oportunidad de servir».
Una creciente ola de detenciones
El caso del señor Zare forma parte de una serie de recientes arrestos y encarcelamientos de bahá’ís en distintas regiones de Irán. Entre ellos se encuentran Shakila Ghasemi, una joven bahá’í de Kermán que permanece detenida desde hace más de cinco meses bajo aislamiento y presión psicológica; Parsa Najafi, un joven de 20 años detenido en Isfahán sin que se hayan anunciado cargos formales; Vafa Kashefi y Navid Zarrehbin Irani, detenidos en Mashhad; y Artin Ghazanfari, fotoperiodista y escritor detenido en Teherán.
Estos casos reflejan un patrón de detenciones, falta de procesos, restricciones al acceso de asistencia legal, aislamiento y privación de atención médica que afecta a numerosos bahá’ís en Irán.
«Los bahá’ís aman Irán»
La Comunidad Internacional Bahá’í ha llamado a las autoridades iraníes a liberar de inmediato e incondicionalmente a quienes se encuentran encarcelados únicamente por sus creencias, poner fin al uso de la coacción y las confesiones forzadas, y garantizar a las personas detenidas el contacto con sus familias y el acceso urgente a atención médica.
En su carta, Pejman Zare escribe que cada iraní contribuye de alguna manera a la construcción del futuro del país: «Algunos con sus vidas, algunos con sus bienes, algunos mediante el encarcelamiento y otros mediante el servicio y la perseverancia constructiva».
Al finalizar su carta, ofrece una oración por su hijo para que Radvin pueda crecer «intelectual, física y espiritualmente», convertirse en «un verdadero servidor de la humanidad» y experimentar algún día «las bendiciones de la justicia en nuestra sagrada patria de Irán».





