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Jóvenes de España y Portugal fortalecen su visión compartida de servicio y acción comunitaria en el encuentro Iberican

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—  Madrid 24 de septiembre de 2026 —Más de 320 jóvenes se reunieron en Madrid para reflexionar sobre el camino recorrido desde 2022, fecha del último Iberican organizado por la Comunidad Bahá’í, y explorar cómo contribuir al desarrollo de sus comunidades durante los próximos años

Jóvenes de la península, Portugal y Canarias se reunieron del 27 al 31 de agosto en el Albergue Sierra Norte, en Manjirón (Madrid), para participar en el encuentro internacional Iberican. Celebrado cuatro años después de su anterior edición, el encuentro ofreció una oportunidad para reconocer los avances alcanzados desde 2022, fortalecer una visión compartida sobre el propósito de los esfuerzos que se desarrollan en sus comunidades y planificar los próximos pasos.

Durante cinco días, jóvenes de entre 15 y 30 años compartieron experiencias de diferentes regiones y reflexionaron sobre su contribución al bienestar de sus comunidades. Aproximadamente 50 participantes procedían de Portugal, 45 de Canarias, 85 de la región Este peninsular, 65 del Sur y 60 del Norte de España.

Jennifer Sánchez, integrante de la organización, destaca que los procesos educativos impulsados por la comunidad bahá’í durante todo el año buscan el desarrollo de capacidades en jóvenes y adolescentes. Estas iniciativas no se plantean como acciones aisladas, sino como parte de un tejido sistémico que involucra a familias, amigos e instituciones locales para acompañar a una persona desde la niñez hasta la edad adulta, ayudándole a descubrir gradualmente su capacidad para servir y ofrecerla para el progreso de su comunidad.

“Cada generación de jóvenes se enfrenta a una disyuntiva: dejarse arrastrar por las fuerzas sociales imperantes o prepararse para ejercer una influencia constructiva en el mundo”, señala Sánchez. “¿Qué significa hoy construir un refugio para una civilización tambaleante? ¿Cómo y con quién se logra? Eso es precisamente lo que exploramos en Iberican: cómo cada joven puede ser un motor de transformación social en su propia localidad”.

Las sesiones de reflexión se organizaron en torno a cinco temas centrales, abordados en sesiones plenarias y posteriormente en grupos regionales. Este proceso permitió compartir las ideas surgidas, buscar puntos de encuentro y explorar cómo traducir las reflexiones en acciones concretas.

Una visión compartida para un mundo unido

Uno de los temas centrales del encuentro fue la visión de un mundo unido y el reconocimiento de las fuerzas constructivas y destructivas que operan en la sociedad. Los participantes reflexionaron sobre cómo sus comunidades pueden convertirse en refugios de esperanza y sobre la responsabilidad que cada persona puede asumir para contribuir a esa visión.

Las conversaciones invitaron a los jóvenes a considerar cómo traducir esta visión en su propia realidad, explorando de qué manera sus decisiones, relaciones y esfuerzos colectivos pueden contribuir a fortalecer la unidad y el bienestar de sus comunidades.

 

El Instituto y el poder de la transformación

El papel del Instituto Bahá’í de Capacitación y Desarrollo Comunitario ocupó un lugar destacado en las reflexiones. Los participantes exploraron cómo los procesos educativos pueden contribuir a la transformación tanto de las personas como de las comunidades, y cómo el desarrollo de capacidades va más allá de la organización de actividades.

A través de historias y experiencias cercanas a su propia realidad, los jóvenes examinaron la relación entre la transformación individual y la transformación comunitaria. El Instituto fue considerado una herramienta para acompañar a las personas en el desarrollo de capacidades que les permitan contribuir al bienestar de los demás y participar en procesos sostenidos de aprendizaje y acción.

Las conversaciones abordaron también el impacto que la vida comunitaria puede tener en la propia comprensión de la responsabilidad y el compromiso. La idea de que «todo empieza con una conversación» estuvo presente en las reflexiones sobre cómo los espacios de consulta y el estudio de los escritos sagrados bahá’ís pueden abrir caminos hacia una mayor conciencia de las necesidades de los demás y hacia la acción colectiva.

De la reflexión a la planificación

Una parte importante del encuentro estuvo dedicada a la planificación. Después de las sesiones de reflexión, los jóvenes se reunieron por regiones para considerar cómo llevar las ideas

 compartidas a sus comunidades y definir pasos concretos para los meses siguientes.

Los grupos elaboraron planes en los que identificaron iniciativas, responsabilidades y plazos. Este ejercicio permitió pasar de una visión general de servicio a una consideración más concreta de las acciones que podrían emprender al regresar a sus barrios y ciudades.

En algunos lugares, estas iniciativas ya han comenzado. Jóvenes de Portugal han puesto en marcha nuevos espacios de capacitación para niños y jóvenes y han retomado actividades comunitarias. En distintas zonas de España se han reactivado foros, se han organizado nuevos encuentros con jóvenes y se han planificado espacios para avanzar en su formación y en el desarrollo de actividades comunitarias. En Madrid, algunos participantes comenzaron, pocos días después del encuentro, un campus de varios días en su barrio.

Un encuentro impulsado por la iniciativa de los jóvenes

La participación de los jóvenes también se expresó en la forma en que se desarrolló el encuentro. En un ambiente relajado, rodeado de naturaleza, los participantes compartieron sus talentos y organizaron actividades relacionadas con sus intereses, como el deporte, la música, el baile, el dibujo, las manualidades y la creación de vídeos.

Muchos de estos espacios fueron dirigidos por los propios jóvenes. Durante los momentos de descanso, se agrupaban espontáneamente para practicar voleibol, compartir sus talentos artísticos o participar en otras actividades. La organización del encuentro dejó espacio para que surgieran estas iniciativas y para que los participantes adquirieran habilidades que pudieran llevar a sus propias comunidades.

De esta manera, el protagonismo de los jóvenes no se limitó a las sesiones formales de estudio y consulta. También se manifestó en su capacidad para tomar iniciativas, colaborar con otros y contribuir a la vida colectiva del encuentro.

Espacios de diálogo, oración y amistad

Además de las sesiones plenarias y los grupos regionales, Iberican ofreció espacios de diálogo organizados por edades. En ellos se abordaron cuestiones relevantes para los jóvenes, como la búsqueda de la verdad, la consulta como herramienta para afrontar cuestiones complejas, la salud mental, las adicciones y el papel de la familia en la sociedad. Estos espacios ofrecieron una oportunidad para compartir perspectivas, escuchar experiencias de otros jóvenes y profundizar en temas que afectan a sus vidas.

Para Martí Tey, uno de los participantes, los foros fueron uno de los aspectos más valiosos del encuentro. «Poder compartir con jóvenes de nuestra misma edad, de otras partes de España y de Portugal, y reflexionar sobre temas tan interesantes, con perspectivas diferentes, fue una experiencia muy valiosa». 

«Los momentos de oración acompañaron la vida del encuentro. Cada mañana y cada noche se ofrecieron espacios devocionales preparados por diferentes grupos, en los que se compartieron oraciones y canciones de las distintas regiones. Estos momentos brindaron oportunidades para el recogimiento y la reflexión compartida» explica Yasmine Lozano, miembro del equipo organizador.

Durante las noches, las expresiones artísticas y culturales contribuyeron a fortalecer los vínculos entre los participantes. La música y el baile de las distintas regiones se combinaron con espacios de reflexión sobre vidas dedicadas al servicio de la humanidad. Una representación teatral preparada por jóvenes de Portugal sobre la vida de Mona Mahmudnizhad, ejecutada en Irán a los 17 años y recordada internacionalmente por su firmeza ante la persecución religiosa, invitó a reflexionar sobre el sacrificio y la entrega. 

El interés de los participantes llevó también a organizar un espacio específico para conocer mejor la Fe bahá’í, en el que participaron tanto jóvenes bahá’ís como otros que deseaban profundizar en sus enseñanzas. La posibilidad de elegir entre diferentes espacios de reflexión permitió a los asistentes explorar cuestiones de interés personal y profundizar en su comprensión de la Fe.

Renovar las fuerzas para el servicio

Para Akim Rodríguez, participante en el encuentro, Iberican fue una oportunidad para renovar sus fuerzas y profundizar en la comprensión de la tarea que los jóvenes están llamados a desarrollar durante los próximos años.

«Me ha emocionado ver la transformación de los jóvenes de mi comunidad y comprobar cómo estos encuentros despiertan, de manera tan profunda, su capacidad de reflexión y comprensión sobre temas elevados que no siempre tienen la oportunidad de abordar», señaló.

Akim destacó también el ambiente de amistad y camaradería que se generó entre los participantes y la unidad de visión alcanzada en torno al propósito de los esfuerzos que se desarrollan en sus comunidades.

«Ahora comprendo con mayor claridad que el cambio sólo es posible cuando estamos unidos en visión, propósito y acción, poniendo constantemente nuestros esfuerzos, paso a paso y día a día», explicó. Para él, el encuentro también fortaleció su sentido de responsabilidad personal: «Me siento también más protagonista al comprender que todos podemos serlo, y quiero poner mis capacidades al servicio de los demás».

Llevar lo aprendido a las comunidades

Al concluir el encuentro, quedó planteada una cuestión que va más allá de los cinco días compartidos: cómo llevar lo aprendido a otros. El acompañamiento mutuo entre los jóvenes, facilitadores y otros colaboradores será importante para que los planes elaborados durante el encuentro puedan llevarse a la práctica y se conviertan en oportunidades de aprendizaje continuo.

Más que ofrecer respuestas cerradas, Iberican permitió a los jóvenes avanzar juntos en la exploración de cómo pueden contribuir al progreso de sus comunidades. El encuentro mostró que, cuando se crean espacios de confianza, reflexión y acción, los jóvenes no solo participan en la vida comunitaria: pueden asumir una creciente responsabilidad en su construcción.