Una cultura de cambio

Reciprocidad y apoyo mutuo

Al aplicar las Enseñanzas de Bahá’u’lláh a sus vidas individuales y colectivas, los bahá’ís, entre otras perspectivas, ven su labor a largo plazo en términos de fortalecimiento de nuevas dinámicas culturales. Esta transformación requiere que se descarten algunos elementos culturales heredados que no se corresponden con la etapa de la madurez de la humanidad, como la competición desenfrenada y el conflicto, pero también que se refuercen aquellos aspectos que enaltecen al ser humano y promueven el bienestar de la sociedad, tales como la reciprocidad y el apoyo mutuo.

Además, seguramente, a fin de acelerar el progreso social de la humanidad, hará falta nuevos elementos culturales. La Casa Universal de Justicia, órgano supremo de la Comunidad Mundial Bahá’í, ha descrito recientemente varios rasgos de la cultura que están emergiendo de los esfuerzos de los bahá’ís y de sus amigos en pueblos y ciudades, barrios y aldeas de todo el mundo donde grupos crecientes de personas trabajan codo con codo por mejorar su entorno.

Relaciones entre individuos

Uno de estos rasgos es la extroversión cada vez mayor de la comunidad. Los bahá’ís de España se sienten cada vez más cómodos al invitar a sus familiares y amigos a conocer los rasgos distintivos de su Fe y a participar activamente en la promoción de sus actividades de servicio y de adoración colectiva.

Además, en varias localidades, los bahá’ís han identificado grupos y poblaciones afines a sus principios y objetivos, a quienes invitan a colaborar en la construcción de una nueva sociedad. También se ha identificado una respuesta entusiasta por parte de los jóvenes, quienes, a pesar de estar en ocasiones influidos por el letargo que impone la sociedad de consumo, también están deseosos de que se les ofrezca la oportunidad de contribuir a un cambio significativo en la sociedad. Asimismo, en barrios y pueblos en los que los bahá’ís de España han encontrado una buena respuesta a sus creencias y a sus esfuerzos, se están haciendo mayores esfuerzos por incrementar considerablemente el número de sus actividades de fortalecimiento del tejido comunitario.

La importancia de la educación queda muy clara en los Escritos bahá’ís. Por lo tanto, otro rasgo de la cultura que está cristalizando en dichos entornos son las clases de educación moral y espiritual para niños y el programa de empoderamiento espiritual e intelectual para prejóvenes (entre los 12 y 15 años). Los bahá’ís de España están avanzando en sus esfuerzos por establecer estos procesos educativos por todo el territorio, a través del Instituto de Formación. Estos esfuerzos se han visto reforzados gracias a las energías liberadas en la Conferencia de Juventud celebrada en Madrid en julio de 2013, ya que muchos de quienes se dedican a la educación de las generaciones de niños y adolescentes son personas jóvenes con un alto sentido de propósito.

Otro elemento de esta nueva cultura es el concepto de acompañamiento. Los bahá’ís de España (y los de todo el mundo) se esfuerzan por trabajar codo con codo, aprendiendo juntos a transformar sus vidas y la vida de la sociedad. Ven sus esfuerzos como un sendero de servicio a la humanidad en el que avanzan paso a paso, acompañados de otros que también se están esforzando por aprender a aplicar las Enseñanzas de Bahá’u’lláh en sus vidas.

En este sentido, la competición, el sentido de superioridad, o el sentimiento de culpa no tienen cabida en la cultura que pretenden establecer. Más bien, lo que debe caracterizar todas sus interacciones es la reciprocidad y el apoyo mutuo. Todos caminan en condiciones de igualdad y, quienes han desarrollado mayor capacidad mediante su experiencia, ayudan con humildad a otros que están apenas emprendiendo su sendero, esperando aprender junto a ellos.

Relaciones entre las instituciones

La misma armonía que rige las relaciones entre las personas está presente también en las interacciones con sus instituciones. Las instituciones bahá’ís (locales, zonales, regionales, nacionales e internacionales) pretenden ser líderes morales al servicio de la comunidad y se esfuerzan por alentar y ofrecer su apoyo a las personas, sin imponerles un código de normas rígidas a las que atenerse so pena de castigo. Se esfuerzan por canalizar la diversidad de talentos y capacidades de los miembros de la comunidad hacia el servicio desinteresado a la humanidad. Además, han de estar dispuestas a escuchar sus inquietudes y recoger sus sugerencias.

Los bahá’ís, a su vez, respetan y obedecen a sus instituciones, pues saben que esa es la manera de promover la unidad. Cualquier bahá’í (de hecho, cualquier ciudadano) de España se puede dirigir a las Instituciones bahá’ís para expresar sus dudas e inquietudes y buscar guía. Al mismo tiempo, los creyentes deben acoger como suyas las metas que las instituciones establecen y esforzarse por su consecución.

La comunidad

Por último, la comunidad es el contexto en el que florecen todas estas relaciones. Los bahá’ís de muchas localidades de España están aprendiendo a fomentar entornos en los que cada individuo pueda desarrollar sus talentos y cualidades, poniéndolos al servicio de la sociedad; entornos en los que se escucha la voz de los niños, se valora y se apoya la aportación de los jóvenes, en los que se respeta la experiencia madura de los adultos y se promueve la obediencia a las instituciones, y en los que los hombres y las mujeres tienen las mismas oportunidades.

En pueblos pequeños, al igual que en barrios de grandes ciudades, los bahá’ís están aprendiendo a expandir su círculo de amistades y a incluir a más y más personas en un conjunto de conversaciones cada vez más amplio acerca del crecimiento y calidad de las actividades educativas y de los actos de adoración colectiva a lo largo del sendero de servicio descrito más arriba. En definitiva, se intenta involucrar a círculos expansivos de personas en un sendero de progreso caracterizado por el servicio desinteresado a la sociedad.